Instalaciones de rociadores automáticos, la importancia de la clasificación del riesgo protegido

Los sistemas de rociadores automáticos están concebidos para detectar un conato de incendio y apagarlo o controlarlo para que pueda ser apagado por otros medios.

Un sistema de rociadores automáticos consiste básicamente en una red de tuberías conectadas a un suministro de agua y provisto de cabezas rociadoras que se accionan automáticamente a una temperatura determinada.

Para poder conseguir el control del incendio es imprescindible clasificar bien el riesgo que se va a proteger. Esta clasificación dependerá del uso y de la carga de fuego que vaya a haber en ese área.

El tipo de protección, la determinación de la densidad de diseño y el área de operación dependerá de:

-          La actividad que se vaya a desarrollar

-          La combustibilidad del producto almacenado

-          Embalaje del producto almacenado

-          Método de almacenamiento

-          Altura de almacenamiento

Todas estas variables determinarán cuáles van a ser las necesidades de caudal y presión que va a requerir la instalación. Es decir, en función de esto se diseñará el abastecimiento,  diámetros de las tuberías, tipo de rociador, tipo de soportación, etc.. y también se podrá calcular el coste de la instalación.

Cuanto mayor carga térmica haya, mayores necesidades de caudal y presión y mayor coste de instalación.

Si todo esto no se hiciera bien, se omitiese algún dato o el propietario variara por cualquier motivo el uso del área que tiene protegida con rociadores automáticos, la instalación no sería efectiva y en caso de incendio no sería capaz de controlarlo.

En muchas ocasiones vemos que un mismo riesgo se protege de diferentes formas, dependiendo de quién diseñe la instalación. Como diseñadores de instalaciones que sirven para proteger vidas y bienes se debe interpretar la norma adecuándola siempre a la carga de fuego que es previsible tener y, lógicamente, utilizando el sentido común. Sirva como ejemplo el siguiente caso:

La norma EN 12845 establece la clasificación de Riesgo Ordinario 3 para Grandes Almacenes y Centros Comerciales. Es evidente pensar que no podemos aplicar los mismos criterios para una tienda de un centro comercial convencional, que para una superficie comercial en la que tenemos productos de todo tipo, retractilados y almacenados en estanterías hasta 5 metros de altura.  El segundo caso se asemeja más a un almacén que a un centro comercial, probablemente si se diseñara el segundo caso con los criterios de Riesgo Ordinario 3, en caso de incendio la instalación no sería capaz de controlarlo, por lo que este se propagaría sin control, sometiendo a un grave riesgo tanto a los ocupantes como los bienes existentes.

Como ya hemos citado anteriormente, en ocasiones el riesgo se ha clasificado bien en origen, pero una vez realizada la instalación el propietario cambia el uso del área protegida. Sirva como ejemplo el siguiente caso:

Una zona diseñada e instalada como producción que por necesidades se utiliza como almacén con productos en estanterías o apilados en altura. Normalmente el usuario, como ya tiene la instalación hecha, no se plantea que tiene que modificarla; la realidad es que frente a un incendio esa instalación no sería capaz de controlarlo y éste se propagaría de igual forma.

Teniendo en cuenta estas consideraciones, podemos concluir que las instalaciones de rociadores automáticos son altamente eficaces frente a un incendio siempre y cuando estén bien diseñadas, bien instaladas y bien mantenidas.